
Título: Caché (Escondido); Año: 2005; Duración: 117 minutos; País: España
Director: Michael Haneke; Guión: Michael Haneke; Fotografía: Christian Berger
Reaprto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Daniel Duval .
Productora: Coproducción Austria-Francia-Alemania-Italia; Wega Film / Les Films du Losange / Bavaria Film / BIM Distribuzione
El mundo de Haneke
Con este film, Haneke consiguió en el Festival de Cannes del 2005 el premio como mejor director; y en la Academia de Cine Europeo, recibió cinco premios, entre ellos Mejor película, Mejor director y Mejor Actor.
Haneke, repite temática introduciendo rarezas y situaciones anormales en el seno de una familia burguesa tal y como hizo en la impresionante Funny Games (1997). Fiel a sus análisis, vuelve a incidir en la influencia de los medios de comunicación en las relaciones interpersonales, volviendo a no dejar indiferente a nadie.
Con este film, Haneke nos formula una nueva forma de lectura de la narrativa audiovisual. Una lectura incómoda, intranquila, que no nos permite permanecer como un espectador pasivo, y simplemente, disfrutar de la película. Se trata de un terror invisible, sugerente, nada obvio, un cine de los que obliga a implicarse al espectador. Haneke da mucho juego y nos invita a participar, a sacar nuestras propias conclusiones sobre la marcha. Se tiene la obligación, y la necesidad, de entrar en Caché y dejarse llevar. Así, el film se presenta como una nueva concepción del mundo cineasta de Haneke, atravesando toda la trayectoria filmográfica del mismo. Haneke redondea con Caché esa especie de nuevo género de terror que ya venía desarrollando con Funny Games.
Haneke nunca ha temido llegar a ser aburrido, irritante o frustante, nunca ha buscado un cine comercial. Sus películas se pueden considerar inmediatas y realistas, sin llegar a ser simplistas. Así, con Caché encontramos una de las mejores representaciones del cine independiente europeo del siglo XXI.
Lo escondido se hace patente
El planteamiento de Caché es bastante simple. Encontramos una cotidianidad de la familia Laurent, tipificando a una familia burguesa intelectual que ve increpada su tranquilidad con la llegada de grabaciones relacionadas con su vida privada. Las cintas enviadas a los Laurent sirven de motor para poner en marcha todo el proceso de descomposición familiar, desatado por la certeza de la vigilancia de una instancia desconocida. Así, encontramos que la tecnología audiovisual actúa como medio a través del que irrumpe la amenaza de lo extraño y, a su vez, diluye el espejismo de la felicidad burguesa que encarna la familia.
En toda esta historia, aparece Majid, de origen argelino, que parece ser el responsable de las amenazas. Los asuntos personales aúnan todo para llevar a un mundo de venganza, que además esconde un gran trasfondo político de culpa.
A pesar de todo, el relato no nos asegura que los hechos ocurrieran tal como vemos o creemos, por lo que lo interesante del film es la relación entre los personajes y el análisis de la conducta humana ante algunos actos.
Un detalle muy importante es que no hay música en toda la película, porque no le hace falta para mantener la intriga.
Además, cabe destacar que en Caché aparecen algunos motivos que aluden a la xenofobia. Haneke se sirve del personaje de Majid para citar de forma directa, en un ejercicio de memoria histórica, la matanza de París de 1961, cuando unos 200 argelinos que participaban en una manifestación fueron ahogados en el Sena.
Simbología escondida
En Caché, la simbología se hace notar en los ojos del espectador. Con apariencia de thriller, Haneke reúne estructuras antiguas, las entrelaza, formando, así, un mensaje nuevo. Los distintos temas que abarca el film pueden ir desde la individualidad del propio George, a las relaciones familiares o la propia memoria histórica.
El director quiere contar una historia, quizás la llegada de los vídeos se una simple excusa, la perfecta, para contar lo que quiere. Así, gracias a esos vídeos anónimos, hace una reflexión sobre la infancia del protagonista, cargada de pinceladas culturales. Y con ello, a su vez, consigue crear crisis en una estable relación de la pareja aburguesada.
Esa reflexión de la infancia nos lleva a una granja, donde habitaba George, y en la que unos argelinos trabajaban para sus padres. Dichos argelinos fallecieron, dejando huérfano a un niño, del que los padres de George quisieron hacerse caso. Pero George evitó que esto se llevase a cabo, lanzando duras acusaciones sobre el joven argelino. Las cintas de vídeo que llegan al domicilio de los Laurent se refieren a cada vez aspectos más personales de la vida de Georges, por lo que comienza a pensar en ese niño huérfano como principal sospechoso.
Así, se nos presenta el sentimiento de culpa y arrepentimiento de Georges, que no le cuenta nada a su esposa por vergüenza. Con estas grabaciones, el protagonista llega a reencontrase con el argelino. Anne, la mujer de Georges, ante la resistencia del esposo a compartir el contenido de sus sospechas, siente que los cimientos sobre los que se asienta su relación de pareja corren serio peligro de derrumbe. El deseo de Anne por conocer es parecido a las inquietudes del espectador por desentrañar el rumbo que tomará la trama. De igual modo que los Laurent se ven inmersos en una espiral de desconfianza, el receptor de Caché se siente desconcertado por las decisiones del director, cuyos fines se tornan inciertos.
La pareja se nos presenta como modélica, compuesta por un periodista y una editora: retrato arquetípico de la burguesía intelectual. No se nos muestra en ningún momento tensión entre ambos, hasta la aparición de la primera cinta.
En definitiva, que la historias de las cintas nos exhibe una descomposición social que va desde la problemática individual del propio Georges a la problemática clasista, sin olvidar la realidad familiar.
El espectador juega al escondite
Haneke nos propone un juego, al que podemos decidir jugar o no. Si lo aceptamos, podemos contemplar un conflicto ajeno a los nuestros. Haneke juega con el espectador, con constantes cambios de planos, sin mostrarnos claramente si vemos la realidad o no; así, en ocasiones, sentimos que estamos ante un verdadero Reality Show, en el cual han dejado la cámara fija, han ido a tomar un café y han vuelto descubriendo que habían olvidado quitar el rec. Por lo tanto, el film roza el vouyerismo, incitando al espectador a mirar, algo muy patente y explotado en la sociedad del momento.
Y también pienso en otra posibilidad. Quizás nadie envíe esas cintas. En las cámaras de vigilancia de la casa de Georges nunca se ve nada, lo que me hace pensar en que un ente las pone ahí. Ese ente, quizás, sea el propio Haneke, que entra en la película sin ser visto, queriendo darle la vuelta al lenguaje cinematográfico. Es Haneke el único conocedor de lo que hacen los protagonistas, y del pasado de Georges, por lo tanto quizás los utilice como simples marionetas, haciéndolos actuar sin conocer la presencia del propio director. Sí, quizás es algo enrevesado, pero con Haneke cualquier cosa puede pasar. Además, algo que también me hace pensar esto es el final, inexistente. O más que inexistente, sin resolver la incógnita que nos acompaña en todo el visionado: ¿quién manda esas cintas? Aunque con una cierta lógica podemos pensar que el responsable de las grabaciones es el hijo de Majid, no existe ninguna prueba concluyente para su acusación y condena. Parece que a Haneke no le interesa que conozcamos esa respuesta, o quizás ni él se la haya preguntado, ya que era él mismo el que las enviaba. Sé que roza la paranoia, pero lo veo viable…
Desmontando el juego tradicional
Tanto la temática de Caché como su construcción formal están dirigidas a incomodar al espectador, al que imponen un estado de confusión permanente que obliga a la continua formulación de hipótesis. Desde la primera toma, que nos muestra la entrada de la casa de los Laurent, se induce a una reacción de extrañamiento configurada a través del juego con las convenciones del código cinematográfico.
Realmente, el final no es lo importante. Lo importante en esta película es el sentimiento de culpabilidad del protagonista, que no es capaz de contarle la verdad ni a su esposa y confidente, hasta que no se ve forzado a ello. Y el paralelismo de la relación de la sociedad occidental con el mundo árabe tercermundista es obvio, dejándolo patente en la escena de la discusión con el fondo de la tele dando noticias de la guerra de Irak mientras el francés cena en su acogedora casa, muy lejos de todo eso.
En definitiva, Haneke no quiere que el espectador se siente, vea el film y su quede igual. Le exige pensar, pretende que comienzo un proceso reflexivo que será diferente, como lo es cada espectador.

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